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viernes, 1 de octubre de 2010

Diego Blázquez, un cura ilustrado

Está muy bien este título porque Diego Blázquez Yáñez, un cura de Retamal de Llerena (Badajoz), capellán del Hogar Extremeño de Madrid es un cura ilustrado y bondadoso, que hace bien a los demás y ve en ellos al Jesús doliente. Ayer 30 de septiembre le dimos unos amigos un homenaje en el Hogar de la Gran Vía porque, sencillamente, se lo merecía.

Allí estuvimos unas cuarenta personas y hablamos de él y hablamos con él. Desde un compañero sacerdote amigo suyo, don Felipe de Lope, hasta Eugenio Jiménez, de Jaraíz, paladín del homenaje al amigo común.

Y hablamos unos cuantos. Comenzó la presidenta del Hogar, maruja Sánchez y después dio la palabra a García Plata, el Rafa, quien aportó un pergamino, que dedicamos todos al bueno de Diego; y nuestro amigo Alejandro García galán, y Juan Antonio Pérez Mateos, que con su verbo fácil encandiló al personal, y Pedro Cañada, filósofo y político, y el escultor de Llerena, Ramón Chaparro, quien con sus palabras de humor y el regalo de la estatua que comenzó como Franco y que concluyó como Diego Blázquez hizo reír al selecto auditorio.

Todos hablaron para bien del homenajeado, menos un servidor que es un atrevido y le riñó en público. Verán si tengo o no razón: Era el más venerable de todos, ya que según un documento oficial del propio Diego Blázquez en su libro "La prensa de Badajoz" sólo tengo 157 años. Me pone en la relación de ese libro con todos los periodistas extremeños del siglo XX y me hace nacer en 1853. Verán si tengo o no razón en discutirle a este catedrático de Ciencias de la Información y sacerdote que me hace nacer 100 años antes. Al fin y al cabo quien le hablaba era un venerable anciano al que, como dice un amigo mío, se le debe veneración y respeto.

Querido amigo Diego, sencillamente, muchas felicidades y gracias por ilustrarnos con tus saberes.