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lunes, 24 de septiembre de 2012

Visita a Cañaveral de las Limas





 
         El viajero ha tenido la oportunidad de pasar una jornada de turismo en Cañaveral, a la que otros conocen como Cañaveral de Alconétar o Cañaveral de las Limas, en plena Vía de la Plata, muy bien organizada por Juliana Portero, miembro de la Asociación de Periodistas y Escritores de Turismo de Extremadura.
 
         El día comenzaba con una visita a la entrañable, extensa y bien organizada biblioteca de un prohombre extremeño, cual es Rafael García Plata, en compañía del escritor y heraldista Pedro Cordero Alvarado, quien vivió hace unos 70 años en la villa de Cañaveral, cuando su madre ejercía de maestra allí. Con el tiempo éste contaría en sus memorias “Infinito es mujer” sus correrías por este pueblo y por el vecino de Hinojal, en la cercana comarca de los Cuatro Lugares.
 
         En el Ayuntamiento esperaban el alcalde Emilio Durán y la concejala de Cultura, Elisa Jiménez, quienes recibieron al grupo de los periodistas de turismo que realizaban una visita institucional para conocer ese destino turístico que es la villa cañaveraliega, donde hay intercambios de presentes: Una chimenea de barro para la Asociación y un diploma para el pueblo. Desde hace meses, la Asociación de Periodistas y Escritores de Turismo de Extremadura, APETEX, viene realizando unos recorridos por los pueblos “menos turísticos y con más atractivos de la región”, apartados, de alguna manera, de las grandes vías turísticas de la zona. Y hoy toca Cañaveral, situada en las faldas de la sierra de su nombre.
 
         La visita continuó por la fábrica de los embutidos y jamones Mallo, donde fuimos atendidos por su propietario, el joven y dinámico Pedro Mallo, que sabe vender sus productos por toda España a través de Alcampo, Eroski, el Corte Inglés y que han llegado hasta China. Puedo asegurar, por experiencia propia, que son unos excelentes productos del cerdo ibéricos. www.mallo.es Y el recorrido continuó por la aún no terminada casa de Cultura, restaurada por el maestro de obra José Manuel Ramos Donaire, quien ha sabido sacar lo mejor del edificio destacando sus preciosas bóvedas tanto bajas como altas y en las que ha patentado un rodapié para evitar la humedad de los edificios antiguos.
 
         Es la villa de Arco, más conocida como Arquillo, un atractivo lugar que nos muest6ra Julián Orovengua,  desde la que se divisa un amplio panorama, tanto hacia la sierra como hacia el llano, llegando por aquí a alcanzar otras atalayas lejanas como la Sierra de la Mosca, o de la Montaña, en Cáceres, y el berrocal de Trujillo. Esta villa o lugar, que Franco la agregó al municipio de Cañaveral, tiene solera histórica, aunque hoy sólo la compongan unas once casas. Llegó a contar con ayuntamiento propio y unos 200 vecinos. Actualmente es zona de descanso y recreo para los privilegiados que poseen una vivienda en el lugar.
 
         Tras el bien servido almuerzo en el hostal Málaga, donde Alfonso, aún recuerda sus días de cine, como propietario del Cine Málaga, y catar los bien servidos platos de Maite, concluye el almuerzo con unos dulces elaborados por la Escuela Municipal de Cocina, todo ello antes de salir hacia la dehesa boyal, donde el Ayuntamiento ha construido seis apartamentos rurales que espera que en breve gestione una empresa  privada, aprovechando las belleza naturales del lugar, un campo de encinas y alcornoques, con charcas para pescar buenas tencas, una zona amplia y bien aireada por los olorosos vientos que traen lo mejor de la cercanas sierras, al abrigo del convento del Palancar. El atractivo de la zona es encantador y los ciudadanos de la gran urbe bien harían en pasar unas jornadas aquí para descansar del estrés y de la tensión.
         La extensa jornada turística concluye en el salón que alberga Radio Cañaveral  (radial 108,0 FM) donde en directo compartimos una hora de tertulia con su director Antonio Canales, que entrevista a mis compañeros Antonio Bueno, Pedro Cordero Alvarado y a un servidor, quienes comentamos las bellezas y los atractivos de Cañaveral y su entorno. ¡Bien merece la pena volver! 

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