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lunes, 3 de diciembre de 2012

Por Marvao y Valencia de Alcántara


 




 

         Después de pernoctar en la hospedería de Alcántara y visitar el puente romano, los expedicionarios ponen rumbo a (Marvao) Portugal, y tras pasar por Membrío cruzan la frontera por Valencia de Alcántara, que cuenta en esa zona cacereña con un microclima especial.

 

         Marvao le debe el nombre a Ibn Marwan, quien fuera rey del reino taifa de Badajoz, ciudad que también fundó. Marvao es un bellísimo pueblo portugués construido sobre una escarpada roca y desde cuya atalaya se divisan cientos y cientos de kilómetros a la redonda.

 

         El viajero estaba acompañado de Luis Mariano Cordero, topógrafo de profesión y gerente de Geoactiva, una de las dos empresas organizadoras del viaje de familiarización a la zona. Desde lo más alto de la torre del homenaje, en un día frío y clarísimo, me señalaba en la lejanía, al norte, la Sierra de la Estrella, Sierra de Gata y hasta la Peña de Francia, ya en la provincia de Salamanca; un poco a la derecha, mi pueblo de Brozas, curiosamente al, amparo de las nieves de la Covatilla, en la Sierra de Béjar; tal era el efecto óptico. Y más a la derecha; el Valle del Jerte y la Vera; hacia el este la Sierra de Guadalupe, incluso más al este, en plena lejanía, los altos picos de la Sierra de Hornachos. ¡¡¡Una maravilla!!!

 

         Los viajeros cruzaron, en plena cacería por las alturas del valle de Jola, por la Finca de la Paja, donde numerosos cazadores agazapados con trajes de campo o trajes militares pagan unos 5.000 euros por puesto para intentar abatir algún jabalí que son espantados por rehalas de perros que son llevados exprofeso al campo. Los cazadores estaban asombrados como una serie de 4 x 4 al frente de un Land Rover, en el que me encontraba, abría una excursión que recorría el territorio que ellos habían acotado y por el que habían pagado. No se escapó un tiro de rabia… de milagro.

 

         Y vuelta a España para recalar por una de las alquerías de Valencia de Alcántara La cita fue en el restaurante “Los Dolmenes”, anejo a la Aceña de la Borrega, desde donde se salió para ver un par de dólmenes de los 48 que conforman la ruta turística de estos monumentos megalíticos: El dolmen Mellizo está muy bien conservado gracias a que era la cuadra de un burro y donde se le metía en los días de lluvia, y el segundo, el “Cajirón II”, delante del cual, al final de la visita, Canal Extremadura TV me hizo una entrevista sobre mis impresiones del viaje.

 

         El destino final fue la finca de Francisco Castillo y sus hijos, en las cercanías de la alquería donde se halla situada la ermita de la Virgen de la Cabeza, desde donde se divisan hacia el sur los castillos de Albuquerque y Piedrabuena. Extremadura Selecta ofreció un jamón muy bien cortado por Bonifacio, mientras Isabel, la esposa de Francisco ofrecía a sus invitados un extraordinario cocido extremeño.

 

         Como conclusión un viaje interesante para contar y para difundir las bellezas de la tierra extremeña que promueven estas dos empresas de turismo activo “Geoativa” y “Traventure”

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